miércoles, 26 de julio de 2017

Relato juevero: Desde mi olvido

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Hace un frío horrible y se me ha acabado el café >.< pero aun así, he llegado con el relato. Lo he terminado el día de ayer y ya sólo me quedaba darle una repasadita antes de publicarlo. Les cuento que esta semana nos coordina María José Moreno y pueden pasar a leer la convocatoria en su blog, basta con que le den clic encima y además, vayan leyendo a los demás participantes.

Nos toca hablar esta semana del Olvido y más que verme en apuros porque no sabía qué escribir, tenía varias ideas, por lo que de todas formas, no sabía cuál tomar como para empezar con el relato. Había surgido la idea de una reflexión también en una charla con Dafne, aunque me acabé tirando como siempre, por el lado de lo fantástico. 



Desde mi olvido

¿Se puede morir de olvido? Nunca lo hubiese pensado si no me hubiese sucedido a mí. Se puede morir de olvido, se los aseguro. Quizás no físicamente, o quizás sí. Consideramos la muerte como algo físico, pero existen muchos otros tipos de muerte. Yo padecí ésta que me trajo hasta aquí. Este mundo es una copia exacta del anterior, pero con una diferencia: es sólo tierra de los olvidados.

Aparecí un día aquí, en una oficina donde me asignaron una nueva casa, una casa para solteros, explicándome qué es lo que había ocurrido. De un momento a otro imprimía fotocopias y en el instante siguiente, estaba formando fila con un número en mano esperando que llegara mi turno. Como cualquier persona normal, el desconcierto, una serie de insultos y el infaltable ataque de pánico e incredulidad no faltaron. Pero me di cuenta de que estoy mejor aquí.

La tierra está hecha para las personas que tienen alguien que los recuerda. La tierra de los olvidados para aquellos que han dejado de ser recordados por los seres de la tierra. Cuando deja de existir una persona que piense en ti, es cuando llegas a este lugar. Sólo una pueda mantenerte en la tierra, con tu vida diaria. ¡Ah! Pero te dan una oportunidad de regresar. Apenas llegas, después de asignarte todo lo que debían asignarte, desde el trabajo, hasta la ropa, te dan un reloj que no pareciera especial pero tiene una alarma. Si la alarma suena tres veces ¡puedes tener otra oportunidad! Cada vez que suena, es porque hay alguien que se ha acordado de ti. 

Yo llevó seis años aquí y no ha sonado ni una sola vez, pero me siento feliz de esta manera. He conocido a alguien aquí. Llevamos tres meses viviendo juntos y me siento más feliz de lo que he estado del otro lado. Porque entre los olvidados, sabemos lo importante que es el recuerdo constante, quizás, por eso, llegamos a congeniar tan bien.

Pero pasó algo que no me imaginé nunca. La chicharra sonó no una vez, sino dos. Ambos sabíamos qué significaba si sonaba una vez más. Me angustiaba pensar que no tenía control absoluto sobre ello.

Sonó una tercera vez y no la volví a ver. Me tomó tiempo saber quién me trajo de vuelta. Un año completo. Le pedí que me olvidara de nuevo y se negó a hacerlo. Más, recordaba algo de la Tierra de los olvidados: un licor que era capaz de hacer olvidar todo. Cuando ya se cumplía diez años allá, tenías la posibilidad de borrar todo el pasado. La opción de volver desaparecía por completo para quedarse en tierra donde habita el olvido y nada más. Pensé en conseguirlo aquí, en la tierra del recuerdo. Me tomó tres años conseguir un poco. Ya ni sé si ella pensaba en mí o no, pero igual, la invité a salir y le di a beber el licor sin que lo supiera. Al terminar el trago, me vi de nuevo en la oficina, sonriendo, sintiéndome feliz, listo para ser olvidado de nuevo y seguir con mis propios recuerdos. Desde mi olvido, los que están allá, por favor, no me vuelvan a recordar.






Tenía la idea del Licor del olvido y el vino del recuerdo desde que leí la convocatoria, ambos de uno de los cuentos de Alejandro Dolina de su libro Crónicas del ángel gris. Iba a usar ambos, a decir verdad, pero no sucedió —además, me excedí un poquitín en el límite de palabras, mis disculpas >.<—.

Espero les haya gustado.

¡Se cuidan!

Bye!




Leer más...

Como una luz o como un grito — Capítulo 9

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Traigo capítulo nuevo! Y la verdad, que ahora que lo leo de nuevo, me he dado cuenta de que en esta historia hay muchos personajes con la sílaba Lu, Lunetta, Luka, Luaces, parece que me hubiese esmerado buscándolos >.< me resultó curioso encontrar ello XD que sin darme cuenta, destacan más los nombres de los demás por no seguir ese patrón (?)

Aun me quedan por digitalizar algunos dibujos, así que el que subiré en este capítulo es sólo un boceto, porque la verdad, ni lo terminé de colorear, sólo fue rellenar algunas cosas de negro y ya (?) pero ya para el siguiente, espero, estará todo más bonito <3



Capítulo 9

Si había algo que la dejó inquieta fue verlo correr de esa manera repitiendo el nombre de otra mujer. Y ella se sentía increíblemente mal por no poder si quiera ver el rostro de aquella mujer ¿sería bonita? ¿Tendría el famoso brillo en la mirada al ver a Battista? ¿Le habría dedicado una sonrisa encantadora?  Estaba en una situación crítica y se había puesto celosa ¡celosa en un momento así! Se golpeó las mejillas y salió corriendo tras él ¡no importaba cómo! Ella lo iba a alcanzar. Si Battista volaba alto, ella agitaría sus alas más rápido para seguirle el paso, ella había decidido alguna vez que no iba a contemplar la espalda de nadie, sino, que se iba a esforzar por seguir a su ritmo ¡y cumpliría!

Se guio por el sonido de su voz, corriendo a toda prisa sin saber con qué iba a encontrarse en el camino. Hasta ahora, Milan no sabía mucho de casi nada, aun cuando su curiosidad era grande, Battista poco y nada le había contado de todo y aun cuando ella se había visto enredada con su pasado con anterioridad. Pero eso no era algo que pudiera detenerla, por el contrario, sólo la motivaba a seguir en pos del amor que sentía por él y que, esperaba, fuera correspondido en algún futuro cercano.

El ruido era todo lo que tenía para hallarlo ¡bendita vegetación! Pensaba apresurando sus pasos cuando lo. Tenía a la mujer con él, habiéndola dejado de lado, iba contra el hombre enmascarado. Milan se detuvo un momento agitada cuando lo vio y algo en ella hizo clic. En cuanto vio que Battista corría a atacarlo, ella corrió arrojándosele encima, cayendo los dos al piso.

—¡Detente!— Gritó sosteniéndolo, aunque ella estaba encima, iba a tomarle tiempo levantarse.

Él estaba molesto y al ver que el hombre de la máscara se iba, se sintió más impotente todavía. La quitó de encima y la regañó, pidiendo una explicación, aquella reacción había hecho que todos sus planes se fueran por la borda. Al fin había tomado partido, al fin había pensado en hacer todo, cortar de raíz sus problemas aun si eso significaba ensuciarse las manos.

—¿Por qué lo hiciste? Ya casi lo tenía en mis manos — se serenó un poco antes de decirlo. La vio cabizbaja, así que intentó sonar tranquilo.

—Porque es mi hermano—

—¿Hermano? Espera un minuto — dijo sorprendido, abriendo los ojos y alzando las cejas. Ella lo miró aun caída —¿cómo lo sabes? Llevaba una máscara. Y tú no puedes ver su cara — dijo haciendo memoria de todo.

Ella se mantuvo en silencio un momento. Año con año iba ahí esperándolo por una promesa que habían hecho mucho antes de que se fuera de su casa. Tenía la esperanza de verlo, intuición, era lo que ella decía, pero, había resultado totalmente contrario a todas sus expectativas.

—La máscara que llevaba, yo se la hice. Por eso es tan irregular y colorida. Fue hace varios años— 

No hubo más discusión y en ese momento, lo vio partir mientras lo veía marcharse aun sujetando a Battista para que no intentara nada contra él. No hubo más discusión al respecto sobre ello tampoco.

Aun así, había quedado una incógnita con él ¿por qué ahí? ¿Y por qué dejar a Chiara? Algo maquinaban y era una pieza clave para descifrarlo, pero no iba a poder hacerlo mientras ella estuviera inconsciente.




—Sabes que ellos no deben encontrarse— dijo Lunetta a Luka al estar en el comedor bebiendo un trago —si te he encargado el cuidado de Milan en mi ausencia es porque creo que eres capaz de hacerlo—.

—Lo sé. Aunque su hermano nunca ha venido aquí. Dudo lo haga ahora ¿Por eso viniste? —

—Tengo un par de cosas que arreglar por aquí. Mis viajes han dado sus frutos y como siempre, contaré contigo— en su cara, una expresión de triunfo se había formado bebiendo de su trago con elegancia mientras cruzaba las piernas.

—¿Entonces…— dudó en continuar la frase.

—Es mi hijo después de todo, si existe una forma de traerlo de vuelta, su madre debe estar atenta a ello. Pero necesito a Milan lejos de todo peligro— se puso de pie, alisando su falda con sus manos, dejándolo con aquella expresión llena de confianza y superioridad que le daba cada vez que tenía algo en mente.




La habitación le parecía mucho más grande desde que había vuelto de su excursión con Battista. Había mucho que quería preguntar pero no era el momento para hacerlo, lo sabía bien, ella tampoco estaba en condiciones después de todo. Pero no quitaba la sensación que tenía en el cuerpo ni la desazón que había sentido al volver a la casa.

—Llegaste pronto, conociéndote, pensé que hasta no mandar a los guardias forestales no ibas a aparecer— Luka entró a la habitación de Milan y al ver que ella se sentaba en la cama, se sentó a su lado —¿y esa cara de entierro? —

Ella le contó lo sucedido y ya, después de todo lo que habían pasado y sin ánimos de otra cosa, tenían la noche para descansar, pero por la mañana se dieron con algo que ninguno de ellos estaba: ni Battista ni Chiara estaban en la posada y no sabían nada de ellos.

Lo más curioso de todo era que Lunetta tampoco estaba y tanto Luka como Luaces sabían que eso podría augurar algo bueno como que no, sí tenían en claro que al menos, mientras pudieran debían dejar eso en secreto y mantener a Milan distraída de todo eso, hasta que volviera a salirse con las suyas, buscando luchar con cosas que ella no debería saber ni conocer.

Un boceto rápido de Luka <3


<<Capítulo 8                                                                     Capítulo 10>>

Espero les haya gustado :D

Bye!
Leer más...

martes, 25 de julio de 2017

Las llamas en la oscuridad

¡Hola a todos, mis amores! ¿Cómo están? Les traigo otro cuento que tenía por ahí rondando de Mientras duerme el sol, por si quieren leer los anteriores, pueden hacer clic en el enlace al índice.  Espero terminar unos dibujos así los subo al blog. He intentado manejarme con la tableta, pero me resulta más fácil usar el mouse pra ello, me demoro más, eso sí XD así que espero o practicar un poco más en la tableta o mejorar en la computadora XD


    —Si vuelvo a ver otra sopa en lata, voy a enloquecer— sé que Johann revolviendo la alacena con frustración.  

—Jojo tiene razón. Ya hace dos semanas que escapamos. Podemos ir a conseguir algunas provisiones para sobrevivir ¿no te parece? 

—Voto por un par de vacas. Mataría por una hamburguesa— se frotó las manos entusiasta Johann. 

Francis los miró sin intervenir mientras sus hermanos soñaban con comida. Él debía ser quién tomara todas las precauciones, de lo contrario, acabarían tras las rejas. Y con suerte, que con su escape, posiblemente, les dieran pena de muerte. 

Pero había estado leyendo bastante en esos días. Había diarios de sus padres, archivos de su abuela, grandes reliquias para lo que ellos debían enfrentar ahora solos. Aunque no tenían muchas pistas de sus padres. Hasta ahora, había llegado a sacar un patrón: su padre, lejos de las ruinas que siempre había soñado estudiar e investigar, estaba recorriendo casas encantadas del mundo. Y esto les dejaba la tarea mucho más complicada a sus hijos para hallar su rastro. Tenían cientos de ellas. Escocia, Estados Unidos, México, España, país que pudieran pronunciar era un lugar potencial para hallarlo ¿y por dónde empezarían? Necesitaban pistas sólidas y sospechaban que la última carta, la tenía su madre. La investigación de su padre llegaba a dos años atrás de su muerte, faltaban dos años de investigación, por lo que todo lo que había pasado en esos dos años, debía estar en manos de ella. 

—Si ustedes salen, yo también— Myrddin cerró sus tapas fuertemente haciéndose notar. Su rostro se veía en la portada, sobresaliente, como un libro en 3D. 

—Si te llevo, estarás callado. Los libros no hablan— Maya fue la que se animó a ponerle esa condición. Myrddin rechistó varias veces antes de aceptar, con tal de salir, haría lo que le dijeran. O al menos, lo intentaría, después de todo, se estaba llevando mejor con Maya después de presentarle la computadora y el celular. Francis se había dado cuenta de que los dos habían simpatizado principalmente, cuando habían comenzado a hablar de lo frustrante que podía ser nacer con el don de la magia. 

—Bien, iremos al supermercado— dijo y los vio saltar de la emoción mientras buscaba las llaves del auto y volvían a salir de la casa. Aunque era consciente de que era peligroso todavía ser vistos, era muy reciente su escape y en las noticias habia visto algo de ellos como para arriesgarse, por lo que deberían ir a algún poblado donde no hubiese demasiada gente. 

Para salir, la contraseña ya no hacía falta, pues, la salida sí estaba a la vista, pero la entrada era otro tema. Uno de esos hechizos que a su abuelo le fascinaba porque le complicaba la vida y parecía ser que eso era algo que disfrutaba muchísimo. Aunque el hermano mayor había pensado en cambiar el hechizo apenas lo pudiera reproducir, era demasiado engorroso eso para entrar a la casa. Buscaría algo más sencillo de reproducir. 

 

 
—¿Qué haremos con Maya mientras? Sabes lo mal que se pone con el trabajo y todo eso de lo sobrenatural. No querrá seguir de esta manera por mucho más tiempo— iba susurrando Francis en cuanto se separaron en el supermercado de un pequeño poblado. 

—Lo sé bien. Parece que Myrddin le cayó bien, puede ser una razón para quedarse en la cabaña. Creo que podremos mantenerla al margen por un tiempo y nosotros hacernos cargo de todo— 

—¿De qué se harán cargo?— Preguntó apareciendo detrás de ellos con varias bolsas con vegetales y frutas. 

—De pagar todo— respondió Johann rápidamente. 

—Más te vale que no quiero acabar de nuevo encerrada— y acomodó la correa de su bolso en el que llevaba a Myrddin . 

Al terminar sus compras, Maya insistió en dar una vuelta por el poblado, estirar las piernas y tomar un poco de aire fresco. Por lo pronto, tenían un momento para descansar y distraerse y en esta ocasión, ella estaba de acuerdo con Myrddin: debían salir un poco. 

—Estaremos bien, no creo que nadie sepa reconocernos aquí— insistió ella con total despreocupación. Después de haber salido fuera luego de estar encerrados dos semana, especialmente, cuando era alguien como Maya que pasaba gran parte de su tiempo libre de paseo. 

De momento y habiendo dejado todo en el auto, fueron a conocer un poco los alrededores. 

—¿Tiene todo listo? Iremos por esa cosa— dijo un hombre acomodándose una mochila al hombro. Llevaba una escopeta y un machete y había otros cinco hombres vestidos y armados para ir, quizás, al mismo sitio. 

Francis miró a sus hermanos y se acercó a ellos, cerrando el auto. 

—¿Irán de caza?— preguntó Johann acercándose y los hombres se abrieron a verlos. Los miraron de arriba abajo, sin pestañear, con el ceño fruncido y las precauciones que uno tiene con los extraños, especialmente, los viajeros como ellos. 

Uno de ellos, el que parecía el que los lideraba, escupió al piso y miró hacia los lados, quedando en frente de Francis. Maya miró a su hermano, con esa mirada encima, ella ya hubiese titubeado, pero Francis era mucho más tranquilo y tenía mucho más autocontrol que ella y por eso, lo admiraba. 

El hombre no pensaba contarles nada, pues, los tomarían por locos. 

—Hemos visto cosas inexplicables— insistió Francis y el hombre acabó contándoles de la bestia que residía en una cueva, cerca del bosque que acechaba a sus cosechas y a los granjeros. 

—Ha estado viniendo por nosotros, desde… bueno, desde hace un meses— aseguró aunque los hermanos estaban seguros de que había omitido algo —quema los huertos, comienza con cosas como esas hasta que un día, ataca la casa y calcina a todos los habitantes de la misma. Hace unos días, vino por mí. Quemó la cosecha, ayer quemó los olivos, no falta mucho para que sea yo el siguiente. Y mi esposa…— 

—Nos encargaremos de eso— intervino Fran. Don, como se había presentado su anfitrión, los miró con sorpresa y en su mirada, también había una seria acusación de estupidez. 

—Hemos trabajado con criaturas extrañas antes— aclaró Johann.  

Don se rio encogiéndose de hombros. 

—¿Dos gamberros y una adolescente? Déjenme dudar— 

—Se lo probaremos— aseguró Maya poniéndose de pie sorprendiéndose ella misma de su actitd —usted y su grupo armado se quedaran aquí hasta que volvamos. No harán nada hasta eso y saldrán bien parados—. 

Don terminó por aceptar y los muchachos salieron a preparar sus mochilas para adentrarse en el bosque y matar a lo que estaba acechando al pueblo. Se equiparon con armas para todo, algunos brebajes, conjuros listos para ser lanzados y amuletos que prepararon esa misma tarde. Tenían que tener todas las precauciones posibles pues, hasta ahora, lo único que tenían es que la bestia escupía fuego y eso, no servía en lo absoluto para identificarlo. Pero lo sabría cuando lo vieran. O eso esperaban. 

—Myrddin ¿nos acompañaras también?— Preguntó Maya colgándose un amuleto en su gargantilla. 

—Los esperaré en el auto. El fuego y los libros no se llevan especialmente bien— 

—¡Gracias por la confianza! — Exclamó Johann con sarcasmo, quien se preguntaba si era tan inútil de esa manera como parecía, pues hasta ahora, no lo habia visto hacer magia de ningún tipo. 

Subieron al coche y avanzaron con él hasta el bosque, bajándose y comenzando a caminar con las linternas alumbrándoles el camino a la cueva. Si estaba tras la pista de Don, no podían esperar hasta que amaneciera: debía ser esa misma noche. Así que se aventuraron a entrar a oscuras y a encontrarse lo que sea en la cueva. 

Olía a quemado dentro, se sentía el olor de la leña en un día de invierno, como si la bestia quemara las cosas a su alrededor para aromatizar y mientras más andaban, el calor se hacía mucho más fuerte, tanto que empezaron a sudar al avanzar. 

—¿Qué creen que nos encontremos?— preguntó Maya alumbrando el piso, viendo un cráneo en el suelo, arrugando la nariz y pasándolo de largo. 

—Lo que sea que esté aquí, espero que podamos matarlo— dijo Francis siguiendo a la cabeza cuando un ruido hizo que volteara, seguido de una maldición.  

Se adelantó a sus hermanos y al llegar a la fuente, encontraron a los campesinos en la entrada, uno de ellos, se había caído y había tirado la pica al suelo, provocando el ruido. Ahora tenían algo más de qué preocuparse. 

—Debían quedarse en casa. Váyanse— les ordenó Johann, pero eran testarudos, casi más testarudos que ellos. 

—Son unos niños, ustedes deben irse y dejar esto a los adultos— retrucó uno de los hombres. 

Maya rodó los ojos molesta. Debían hacer que se fueran y no tenían idea de cómo espantarlos sin que sospecharan de ellos. O sí. Hasta que la lámpara de ideas se encendió y no fue lo único que ardió. Uno de los bolsos de los hombres se prendió rápidamente en llamas, haciendo que lo tirase al suelo y empezaran a pisarlo entre dos hasta apagar el fuego. La muchacha gritó que venía el monstruo y creó una llamarada mucho más grande detrás de ellos. Los cinco salieron corriendo mientras sus hermanos, la miraron a punto de reclamarles lo peligroso que había sido eso. 

—¿Qué? Debían irse y así, era la manera más fácil ¿no?— 

Ninguno discutió. 

Ahora, estaban solos así que podían ir dentro sin más problemas que encontrar a la fiera y matarla. Más, se les dificultaba avanzar debido al calor inhumano que estaban sintiendo. Las ropas pesadas que llevaban pronto le empezaron a sobrar, el calor era cada vez peor. Terminando por dejar algunos de sus abrigos en sus mochilas avanzando más ligeros.  

—Creo que llegamos— dijo Johann bajando la linterna en frente de una gran bola de fuego. Al menos, debía tener unos diez metros así, en aquella postura enroscada que tenía mientras dormía. Era gigante y se veía envuelto en crepitantes llamas. Ninguno hubiese dado fe de ello si no lo hubiesen visto en ese momento: los fénix no existían. O eso creía hasta el momento en que lo vieron dormir —yo creo que me perdí esta lección ¿cómo se mata a algo que es capaz de renacer una y otra vez?— atinó a decir con sorna mirando a sus hermanos. 

Ninguno tenía absolutamente nada para combatirlo si quiera ni tampoco agua suficiente como para echarle encima. Antes de caerle, iba a terminar hecha vapor, eso era seguro. ¿Qué iban a hacer en ese momento? Apenas sintieron el piso temblar y luego, un fuerte chillido que soltó el ave, lo supieron: debían correr lo más rápido que pudieran. 

Pero tuvieron que volver cuando escucharon los gritos de los hombres que antes habían corrido. Aparentemente, había otra entrada a la cueva y habían apostado por el elemento sorpresa, más, los únicos que habían salido sorprendidos, eran ellos. 

Francis mandó a Maya a salir de la cueva, mientras él y Johann distraerían al ave para que los campesinos salieran de allí. No podían hacer mucho. Aunque Maya no pensaba irse sin sus hermanos y esto, fue en parte bueno para ellos, ya que llegó justo a darle un objetivo nuevo para distraerlos y lograran salvar a uno que había acabado atrapado entre las piedras por el derrumbe de la cueva. Ella corrió y el ave, empezó a seguirla haciendo que los temblores y la fragilidad de la cueva se vieran aumentados y acabara separada de sus hermanos por un muro de piedra.  

Ella corrió lo más rápido que pudo, a ciegas, a tientas, con el fuego que echaba la bestia pisándole los talones hasta llegar a una encrucijada que la dejó de frente a ella. No tenía absolutamente nada que pudiera hacer para detenerla. Sólo tenía una idea suicida en su cabeza: el fuego contra fuego. Era lo único que tenía y si no le jugaba a favor o al menos, para distraerlo lo suficiente para volver sobre sus pasos y encontrar una salida, estaba perdida. 

Un nuevo alarido se escuchó y ella cerrando los ojos, inicio las llamaradas debajo del ave, esperando tener alguna reacción. 

El ruido cesó, aunque el calor no descendía, por el contrario, lo sentía contra su pecho y rostro, listo para rozarla y que ardiera hasta consumir sus cenizas. Pero no sucedió. 

—Sabía que uno de ustedes hacia fuego— le dijo el ave haciendo que ella abriera los ojos con sorpresa y volteara a verla. Podía ver su cara asustada reflejada en los ojos llameantes del fénix. 

—¿No piensas matarme?— preguntó al ver que le daba la espalda. El fénix volteó mirándola por sobre su ala izquierda y volvió la vista al frente. 

—Sólo quería sacarlos de mi nido. Ninguno de ustedes es mi presa, en cambio, ese hombre que estaba entre las rocas, es otro tema—. 

Poco a poco, el calor en exceso la estaba haciendo desfallecer y entre la agitación y el perder a sus hermanos, la muchacha cayó de rodillas al piso. El espacio reducido hacía que todo se calentase mucho más rápido todavía ya que hasta el piso ardía. Recordaba por qué odiaba todo eso: vivían al borde de la muerte, pero como buenos brujos que eran, parecían tener a la parca de su lado esquivándola cada vez que podían. 

El fénix volvió a clavar su vista en ella y terminó por hacer algo que ella jamás imaginó que fuera posible: lo vio tomar forma humana. Un hombre, alto, bien parecido, de unos treinta años más o menos y una mirada inquietante. Hasta humano conservaba la fuerza del fénix en sus ojos rojos y brillantes. 

Se acercó hasta ella y ante la reacia reacción de Maya, igual, terminó por ayudarla a levantarse sin que ella diera fe de todo lo que ocurría, bien podría ser un delirio por el calor o la deshidratación. No le importaba ya, no estaba para pensar demás en ello ¡Había un fénix frente a ella! ¿qué importaba lo demás? Lo que más le interesaba era la razón por la que había decidido no matarla pero sí seguir encaprichado con Don. 

—¿Por qué quieres matar a Don?— preguntó Maya pestañeando con fuerza y sujetándose de su brazo para no caer hasta reponerse. 

—Porque es un hombre corrupto. Al igual que sus amigos— 

—¿Los que mataste antes?— preguntó con sorpresa ¿en serio se estaban enfrentando a un monstruo justiciero? Estaba segura de que si se lo contaba a sus hermanos se iban a reír en su cara. 

Caminaron hasta lo que antes, había sido la bifurcación de la cueva: estaba sellada por completo, así que la guio hacia otra salida. Mover aquellas piedras supondría un riesgo para la muchacha, no así para él, pero si Maya había notado algo es que no tenía intenciones de pelear con ella, de atacarla o hacerle algo que pudiera hacerle daño, por el contrario, lo veía urgido porque desapareciera de su refugio. 

—Yo los vi matar a un muchacho. Lo llevaron al bosque, cerca de la cueva y se rieron de él, lo golpearon. Dijeron que era una broma, que no tenía resistencia y que nunca se haría hombre si no podía con ellos— y la miró —y no pudo—. 

Maya lo escuchaba atenta, y cuando volteaba a dirigirle la mirada, observaba al detalle la carencia de expresión en su rostro o en su voz. Más parecía una especie de robot, tal y como los robots de las películas, como programado para no demostrar absolutamente nada de nada. Era extraño, incluso, hasta los monstruos demostraban placer o dolor, incluso, hasta pasión o gusto, pero él no. Aun así, tenía el impulso, el deseo, la certeza, no sabía qué era aquello, pero quería vengar al muchacho y castigar a los que habían hecho que perdiera la vida ¿era eso algo malo? En parte sí, en parte no. En ese momento, ella simplemente, estaba en una dicotomía con aquel ser que no parecía tan malo como ellos lo habían imaginado. Quizás, hasta bien encaminado podría serles de ayuda, después de todo, quería hacer justicia por el muchacho que no había podido contra ellos. 

—¿Por qué no los detuviste antes? Podrías haberlo salvado— 

—Dormía— fue una de las respuestas más increíbles que había recibido de alguien —cuando desperté, y los encontré ya era tarde— 

—¿Y por qué tomarte tanto tiempo para matarlos? ¿No era más fácil hacerlo rápido?— 

—Mi trabajo es juzgarlos, darles la oportunidad de sentir culpa, arrepentirse. Ninguno lo hizo— 

—Pero una mujer que no tenía nada que ver murió a causa de ello— 

—Intenté salvarla— dijo algo ¿triste? Maya casi pudo percibir algo de sentimiento en ello —dijo que prefería morir antes de vivir el resto de su vida sin su esposo. No pude hacer nada— 

 

 

—Maldita sea, Maya está con él— maldijo Francis intentando encontrar una abertura en el muro de piedras, pero era sólido y no podían moverlo. Para mejor, su preocupación había ido en aumento cuando se dejó de escuchar ruido alguno detrás del muro. 

—Debemos encontrar otra salida. El techo está demasiado endeble, creo que mover esta pared sólo provocaría un derrumbe— dijo Johann preocupado iluminando hacia arriba. Los campesinos miraban acongojados a los muchachos. 

—Intentaré un conjuro. Busca a Myrddin, él quizás pueda servirnos de ayuda— le ordenó Francis a su hermano. Él asintió y salió dejándolo solo, sabía que iba a poder mantenerse a salvo por su propia cuenta, después de todo, Francis tenía mucha más experiencia que ellos, pero eso no quitaba en que se apresurase para volver con él. 

Por otro lado, Maya era la verdadera preocupación de ambos. No sólo por su rechazo a todo eso, sino porque estaba sola con un fénix ¿cómo iba a poder hacerle frente? No tenían nada que pudieran hacer los tres, mucho menos ella sola, que era capaz de estallar y poner todo patas para arriba 

  El mayor problema es que además, Francis tenía que preocuparse de Don y sus amigos. El miedo había sido mucho más fuerte que su sed de venganza y justicia, al menos, por ahora, pero no quitaba que se habían envalentonado y al final, los críos que él habia despreciado, los habían salvado y hasta, por su culpa, habían perdido a uno de ellos, arrepentidos, sabiendo que esa desconfianza los había llevado hasta donde estaba. 

Francis se revolvió el flequillo y les ordenó a todos salir de un fuerte grito. No había tiempo para las cortesías: o se iban a él mismo se iba a encargar de sacarlos y no de la mejor manera, más, aún tenía que averiguar por donde habían entrado y si había otras entradas a la cueva por donde pudieran empezar la búsqueda de su hermana. 

 


—Así que tú lo único que hacías era vengar la muerte del chico ¿por qué no lo reportaste a la policía?— 

—¿Policía?— preguntó mirándola confuso. 

—Realmente te la has pasado durmiendo mucho tiempo— bufó molesta dejándose caer al suelo mientras él terminaba de fundir la nueva salida. No había otra entrada a la cueva, así que había dicho que iba a forjar una para ella.  

Era hábil y muy calmo, no lo iba a negar, pero eso de no poder leer ningún sentimiento en su rostro la inquietaba también porque no podía predecirlo de ninguna manera  

—Es realmente un poco decepcionante— dijo luego de un rato obteniendo la atención de su compañero nuevamente —siempre creí que los fénix eran fuertes aves guerreras no que hacían limpiezas tan… sencillas—. 

—¿Por qué creías eso?— 

—Supongo que vi muchas películas ¿Cómo va eso?— preguntó mirando el agujero, aun pequeño para que pasaran ambos. 

El fénix le había dicho que si se apresuraba, la cueva probablemente colapsaría, por lo que se estaba tomando su tiempo y estaba matando del aburrimiento a su compañera, sin contar que además, pensaba en sus hermanos y en lo que estarían haciendo en ese momento para poder hallarla. Mientras, ella estaba atrapada con un ave mítica sumamente aburrida, tenía que hallar una forma de matar el tiempo y como ya había probado su celular y no tener señal, no le quedaba otra que seguir hablando con él. Y por el momento, no tuvo mejor idea que preguntarle su nombre. 

—Los humanos me llaman Fénix— respondió sin mucho entusiasmo. 

—Entonces ¿no tienes otro nombre? 

—¿Es importante tener uno?— preguntó desorientado lo que hizo a Maya sonreír. Aun no se creía que hayan ido a matarlo y salieran corriendo. Aquel fénix era demasiado, pero demasiado peculiar. 

—Pues, sí. El nombre te da una identidad. Mamá me decía que los nombres son hechizos que le conceden al portador, una virtud— recordó feliz aquello. Aunque ella pensaba aun que un nombre era un nombre y nada más, su madre lo afirmaba con tanta fuerza que había terminado asimilando aquella creencia en ella, aunque le sonara más a un mito que a un hecho, se sentía rara de decirlo. 

—¿Y cuál es tu virtud?— 

—Soy Maya. Mi nombre significa madre o maternal. Siempre me decía que eso me daba el poder de amar incondicionalmente a alguien sin que fuera de mi sangre— respondió aun sin saber exactamente a qué se refería a pesar del tiempo y las cosas que había vivido desde entonces. No lo entendía, un nombre no podía dar semejante poder. 

—¿Y quién pone los nombres?— preguntó terminando de abrir el agujero en la pared. 

—Las madres o padres, supongo— 

Y ante esa respuesta, él se quedó pensativo, encendiendo de nuevo las brasas en su brazo para iluminar el camino delante de ella. Aun le sorprendía ver eso, pero hacía de tripas corazón para reprimir su impulso de apagarlo o de pensar que eso podría hacerle daño, estaba hecho de fuego después de todo. No era como ella, que aun no manejaba su poder ignifugo y podía generarlo, pero no cubrirse de él. Imaginaba que si alguna vez se esmeraba en hacerlo, podría llegar a domarlo por completo. 

—¿Podrías darme un nombre? Dices que tu virtud es ser madre, así que podrías darme uno— dijo deteniéndose y volteando a verla, casi quemándola cuando hizo eso tan repentinamente, apenas dándole tiempo a reaccionar.  

Ella se rio apenas pasó el mal trago. Realmente, había conocido a un personaje demasiado peculiar. Nunca pensó que los fénix fueran tan extraños. No pensó que aquel comentario pudiera tener tanto peso en él. Más, tampoco pudo negarse al ver por un momento, el deseo en sus ojos. Pensó que desde que lo había visto, aquello, aunque fuera por poco tiempo había sido el primer signo de que estaba vivo, era lo primero que podía leer en él y no iba a ignorarlo. Así que terminó por aceptar, prometiéndole ponerle un nombre apenas tuviera el adecuado para él. 

Avanzaron unos metros más, viendo la salida no muy lejos de ella y por un momento, ella se concentró en su brazo en llamas. Y entonces, lo supo. 

—Ciro— dijo ella sonriendo. Su amigo volteó confuso —Ciro, ése será tu nombre—. 

—¿Y qué virtud me otorgará?—. 

—Ninguna— sonrió aún más ampliamente —te recordara siempre quien eres— aseguró adelantándose y agradeciendo de estar fuera. Estaba tan sofocada dentro que sentir el aire fresco había sido algo realmente gratificante —Ciro es el sol, el fuego, lo eterno. Creo que no hay un nombre que te quede mejor que ese— susurró volviéndolo a ver, ahora, ya como un humano completo, aunque él no entendía exactamente aquello, sólo ladeo la cabeza y se quedó viéndola, agradecido de que le hubiese dado un nombre aunque su expresión facial no demostrara rastro de gratitud. 

Fue cuando sintió los gritos de sus hermanos y los correspondió para que llegaran a ella. Mirddyn los había ayudado con un hechizo de rastreo, llegando hacia una entrada de la cueva que no habían visto anteriormente. Ciro se quedó en su sitio hasta que Fran y Johann aparecieron agitados, levantando sus armas a Ciro. Maya inmediatamente reaccionó poniéndose en frente haciendo que bajasen sus armas. 

—¿Dónde está el fénix? ¿Te hizo algo? — Se alarmó Johann y miró al hombre que estaba a la entrada de la cueva. 

—Tranquilos, tranquilos, Ciro me ayudó. Bueno, no al principio— dijo ella intentando contener a sus hermanos y a Ciro que había vuelto a encender su brazo —Ciro, apaga eso—. 

—¿Él es…— preguntó Francis. 

—El fénix, sí— respondió Maya aun incrédula de eso. Suspiró profundo apenas sus hermanos se calmaron y Ciro decidió dejar el fuego un momento. 

—¿Ciro? ¿Qué clase de nombre es ése?— preguntó Johann caminando un poco para volver a señalarlo — ¿y cómo? ¿Por qué?— decía sin entender nada. 

—Maya me dio mi nombre, como una madre lo hace— respondió el fénix con total torpeza haciendo que Maya se sintiera realmente avergonzada. 

—Por favor, no vuelvas a decir eso. Suena raro— le pidió ella cerrando los ojos. La sola idea la hizo sentirse extraña pero él no parecía entenderlo, pues, hablaba con tal naturalidad que se preguntaba cuanto tiempo había estado solo. 

Y ya, sólo les explicó a sus hermanos lo sucedido y una vez fuera, escribió su número de teléfono para dárselo a  Ciro con la promesa de que no volvería a actuar por su cuenta y que si algo pasaba, la llamaría pues no había querido acompañarlos, aunque tuvieron que explicarle cómo diablos usar un celular ¡aún les parecía increíble que sólo se dedicara a dormir y salir a dar una vuelta de vez en cuando!  

Ellos se encargarían de todo si necesitaba ayuda como de costumbre y él… bueno, podría volver a sus cosas de fénix, por supuesto, aunque no estaban seguros de qué era lo que hacía pues, hasta ahora, sólo tenían la certeza de que le gustaba quemar cosas cuando estaba despierto y nada más que eso. 

Lo vieron elevarse en el cielo, dejando una luz brillante que cruzaba el firmamento y detrás de él, pequeñas chispas que caían disolviéndose en el aire hasta desaparecer. Ninguno sabía si habían hecho bien en hacer eso, aunque tampoco tenían la más pálida idea de una forma mejor de solucionarlo ninguno tenía idea de cómo matar a un fénix y tampoco les había parecido alguien peligroso, sí un poco despistado, bastante inocente, tenían la certeza de que le faltaba conocer mucho más el mundo y dormir menos. Seguramente, se verían de nuevo y entonces, sabrían si habían hecho lo correcto o no. Por lo pronto, se quedaron viendo el haz de luz que dejó en el cielo hasta desaparecer. Mañana, seguramente, algunos estarían felices de haber visto una estrella fugaz en el cielo, sin saber que tan sólo lo había surcado un ave hecha de fuego.



¡Se cuidan!

Bye!
Leer más...